He vuelto a nacer

El martes de la semana pasada, a eso de las 8 de la noche, al salir de la Escuela Oficial de Idiomas, me disponía a subir una cuesta no muy concurrida que me lleva a la calle principal de Siete Palmas. Cuando iba a cruzar, vi enfrente a una pareja que no me dio muy buena espina, que me pareció un poco macarra, matada pero, “No vamos a prejuzgar”, me dije. Crucé y el chico me miró y, cuando se cercioró de que yo lo estaba observando, se guardó una navaja en la parte trasera de su pantalón. Acto seguido, se dirigió hacia mí con los ojos vulgarmente conocidos como “empipados” y me dijo “Colega, ¿tienes 50 céntimos para llamar? En ese momento lo pasé muy mal: ¿con qué cara le dices a alguien de estas características que no tienes 50 céntimos cuando en un bolsillo llevas un iPod touch, en el otro un móvil y en el bolso 15 €? Pues la respuesta es muy sencilla: con voz de pito sueltas un “no, sólo llevo el bono de la guagua”, a lo que él respondió “sobran hermano, sobran”. A continuación crucé de nuevo mientras este sujeto saludaba a un amigo suyo. Luego, empecé a oír: “colega, coleguita!!! golfo (o gordo, probablemente fuera golfo, pues he adelgazado bastante)”, a lo que yo hice caso omiso. Pues vale, en esta zona de mi maravillosa ciudad hay unos paterres a los lados de las aceras… ¿Saben lo que cayó en el paterre de mi derecha? ¡Una piedra! Sí sí, ¡una piedra! Aceleré el paso hacia la calle principal de Siete Palmas y me senté en mi parada con la absoluta certeza de que iba a aparecer y yo iba a sufrir graves consecuencias. A los diez minutos me di cuenta de que no iba a aparecer pero en mi cabeza surgió la paranoia de que el tío se iba a subir en la siguiente parada, se iba a bajar en la misma que yo y me iba a descuartizar. De manera muy inteligente, me senté en los asientos de la guagua en los que vas de espaldas, por lo que no vi quién subía, y fui todo el trayecto en tensión. Finalmente, me bajé y no había nadie esperándome, pero hasta que no llegué a mi casa, no estuve tranquilo. En ese momento abracé a mi madre y le dije cuánto la quería.

He de puntualizar dos cosas. La primera es que la chica que iba con este sujeto, probablemente su pareja, veía lo que él hacía como lo más natural del mundo. La segunda, que durante tres años he ido por ese camino con mi compañera Paloma y nunca ha pasado nada pero, se dio ella de baja y pasa esto. ¡PALOMA CULPABLE!

En definitiva, miré a la muerte a los ojos, he vuelto a nacer.

PD1: Consejo: Siempre que veas a alguien que te da mala espina, que parece un macarra un matado, no pienses en que no vas a prejuzgar, no cruces, es un macarra, es un matado.

PD2: En un momento pensé no escribir este post por si el chico este lo leía, luego deduje que probablemente no sepa leer.

Published in: on octubre 31, 2009 at 11:16 am  Comments (9)  
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Conversación en la EOI

La conversación que voy a poner a continuación ocurrió esta semana en la Escuela Oficial de Idiomas, donde estudio 4º de alemán con una compañera, Suyay (sé que están pensando que nombre más raro, sí, lo es, pero a la vez mola):

Yo: Suyay, ¿cómo se dice vacuna en alemán?

Suyay: Mmmm… lo dimos en tercero.

Y: Sí, pero es que yo no escuchaba a Úrsula, ¿tú te acuerdas?

S: Mario, ¡YO ESTABA HABLANDO CONTIGO!

Para los lectores a los que este post les haya despertado su pasión por la lengua alemana, la palabra en cuestión se dice Impfstoff.