Librería del barrio, librería felina

Sé que la mayoría de los que leen mi blog viven por mi zona, pero para los que no, les pongo en situación. Vivo en Miller Bajo, y la librería más cerca que tengo se llama Ateneo.

Hay muchas cosas que me repatean de esta librería, como podría ser que todo es carísimo, el tonito de la dependienta que al entrar siempre te dice: “Hola, cariño”, pero es que, ¡joder!, ¡lo dice cantando! … y ¡todo lo dice cantando! y… ¡me pone de los nervios! Pero no me voy a centrar en esto, me voy a centrar en algo que me ha dado demasiado asco desde que era un enano. Los putos gatos callejeros en la librería. Sí, sí, lo que leen, tú entras y te encuentras en las torres de libros (sí, hay torres de libros en vez de estanterías, ¿qué le vamos a hacer?) a los gatos encimas, lo que conlleva que, aunque estos animales sean los más limpios en teoría, te puedes llevar una libreta, un libro, un pasatiempo, una revista o lo que te dé la gana, con un poquito de… ¿cómo decirlo? ¡MIERDA DE GATO DE REGALO! ¿Ustedes ven esto normal? Yo, desde luego no.

Pero es que, para colmo, el otro día fue ya el no va más. Voy a entrar y veo mi paso imposibilitado debido a que hay un gato en la puerta. Lo esquivo con gran agilidad y consigo llegar al mostrador. Cuando me dispongo a salir, estaba el mismo gato rascándose con su boca lo que viene siendo ¡SU ZONA ERÓGENA O GENITAL! Peroo, ¿adónde vamos a llegar?

Ahora me dirijo a la dependienta de Ateneo (me dirijo a ella porque él es un calzonazos que siempre hace lo que ella dice): O los gatos o yo, así de claro, han sido ya muchos años (toda mi vida escolar concretamente) aguantando y ya se ha sobrepasado mi umbral de repugnancia. Queda dicho.

Anuncios
Published in: on noviembre 6, 2009 at 6:54 pm  Comments (6)  
Tags: , ,