Mala suerte

Últimamente llevo una racha que lo único que hago es mirar al cielo y gritar con clemencia “¡¿ALGO MÁS?!”.

Empezando este cuatrimestre, perdí mi estuche con mi pendrive dentro. Una compañera encontró el estuche, pero el pendrive permaneció en búsqueda y captura (y lo sigue estando). Ahí empezó todo.

Luego, a medida que han pasado las semanas, todo ha continuado con normalidad (la normalidad implica mi torpeza, mi patosidad y mi tendencia a meter la gamba en cualquier situación, claro está).

El domingo pasado, quedamos tres amigos y yo en mi casa para hacer una práctica de fisiología en mi casa, práctica que ni habíamos abierto hasta ese mismo momento. Constaba de 6 experimentos (virtuales). Comenzamos con el primero, con tan buena suerte de que la página se me colgó 2 veces y otra vez yo pensaba que se trataba de una impresión de pantalla y cerré la página (APLAUDAN, Y LOS AUTÓGRAFOS TODOS AL FINAL JUNTOS, POR FAVOR). Al finalizar el primer experimento, nos dimos cuenta de que había que imprimir experimento por experimento y no te daba la posibilidad de guardar el archivo. Mi impresora no tenía tinta. Entonces, fuimos a casa de otra amiga que sí tenía tinta con la buena suerte de que justo en ese momento comenzó a diluviar. Nunca había estado tan empapado habiendo usado paraguas (y sin haberlo usado). Encaminamos la práctica y me fui a las 12:00 sin haberla acabado. Cuando llegué a mi casa, me di cuenta de que había perdido las llaves. La noche la pasé muy mal, pensando que mis llaves las tenía cualquiera, entrarían a mi casa, nos robarían todo, nos violarían y nos matarían (EN ESTE ORDEN, SI NO, NO VALE).

Al contarle a mi madre lo de las llaves, me preguntó si había mirado en los bolsillos del abrigo. Estaban en los bolsillos del abrigo.

Ayer, yendo de la planta alta a la baja de la biblioteca de la universidad, había un gran charco por las goteras del diluvio que ha habido estos días. Una amiga pisó el charco, me reí y decidí que yo pisaría el cartón que había precisamente para eso. Pues no, la finalidad del cartón no era que no pisaras el charco. La finalidad del cartón era deslizarse sobre el agua y hacer que yo me cayese y me mojase todo mi lado derecho: pantalón, chaqueta, camiseta y me quedase estudiando muy empapado toda la tarde.

Hoy, ya como culmen, he perdido mi estuche.

Encima ha nevado y no he podido ir a verlo.

Y ya me tengo que clausurar, creo que voy a fundar una nueva orden religiosa de clausura: los culperos (CULP es la biblioteca a la que voy a estudiar). Esto es toooodo.

PD: y más cosas que se me habrán olvidado.

Published in: on marzo 15, 2011 at 11:06 pm  Comments (1)  

Caer en picado

Bueno, antes que nada, decirles que sigo vivo y esas cosas. Ahora que ya he empezado en la universidad, a penas tengo tiempo de escribir por aquí. “¿Y durante el verano qué?”, pensarán. Pues durante el verano estuve haciendo cosas de verano como divertirme, viajar, ir a la playa y no pasar a penas por mi casa.

Pues este post ( a saber cuándo será el  próximo) va dedicado a dos personajes que han pasado de estar en una posición medianamente … aceptable para caer a lo más bajo.

El primero de ellos es Juan Luis Calero.

Este hombre era Dios, en una época. Tenía programas de humor muy buenos. Buscaría vídeos suyos, pero estoy escribiendo esto a las carreras (ya lo hacen ustedes, que son unos marujos). Pues bien, ¿a qué se dedica este señor ahora?  ¡A ESTO!

A anunciar Danacol. No encuentro el anuncio, pero es muy patético.

El segundo es …. ¡el gran (no) Jordi Cruz!

Vale que el tío era odioso. Vale que no eran sus manos (yo tengo la teoría de que eran las del manitas, que por cierto acabo de enterarme de que era el presentador en la versión inglesa, mira tú de lo que se entera uno leyendo un poco la Wikipedia). Vale que tenía una voz odiosa. Pero… ¡joder! Todos los niños lo veíamos y hablábamos de su programa y blablabla. Pues ahora el señorito anuncia aceitunas. Así, como lo oyen.

PD: Y esto es lo que pasa cuando escribes un post a las carreras, pero es que una de mis lectoras más fieles, Carolaina del Paino, no deja de presionarme para que escriba, pues este patetipost se lo dedico a ella. Con mucho cariño, eso sí.

Published in: on octubre 14, 2010 at 7:22 pm  Comments (3)  

Los coches con dos puertas

Saben de lo que hablo.

Me refiero tanto a un coche de dos puertas normal-lujoso:

2puertas

Como al más zarrapastroso:

2puertas_1

¿Qué objetivo tienen? ¿Con qué fin una persona se compra un coche de dos puertas? Al fin y al cabo…. salvo las puertas, todo es igual al de 4. La única respuesta que se me ocurre es que lo hacen para jodernos a las personas como yo, a los patosos, a ésos que subir o bajar de un coche de 2 puertas supone un desafío extremo, a las personas que nunca consiguen salir a la primera, a las que siempre se dan en la cabeza en estos coches, a las que ven un coche de este tipo y tiemblan. No le veo otra explicación y no, no tiene gracia.

Tu edad es tu descuento

No se si habrán visto la publicidad de una óptica que dice “tu edad es tu descuento”. Simplemente consiste en esto.  Es más, te ponen un ejemplo en el anuncio: “si tienes 82 años, tendrás un descuento del 82%”.

En un principio, parece un chollo, una ganga. Pero yo, que tengo mucho tiempo libre (VERANOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOme paré a pensar y llegué a una reflexión. Si acude a esta óptica una persona de 101 años (o más), ¿le pagan por llevarse las gafas? Sólo hay una manera de averiguarlo:

¡ESPAÑOLES LONGEVOS! SALGAN A LA CALLE. ACUDAN A ESTA ÓPTICA. PREGUNTEN POR SU DESCUENTO Y SI ES COMO YO PLANTEO, ARRUINÉMOSLES (no es nada personal con la óptica. Simplemente me salió la vena revolucionaria).

Estoy vivo, y he vuelto

Sí, lo que leen. Después de esta larga ausencia (último post el 6 de mayo) he vuelto, y lo he hecho para quedarme. O al menos hasta septiembre. Pero quisiera ponerles al día en algunas cosas.

Estos dos meses han sido de locura. Respecto a los exámenes finales, a la PAU y todo eso. Tuve muy buenas notas en ambos, por cierto. Sí, lo admito, yo también me uno a ese grupo de personas que dice “no te agobies, la PAU no es para tanto”, pero yo creo que estar histérico en esos días y, sobre todo, en los que los preceden, es algo prácticamente natural.

Siguiendo con el tema “estudios”, ya he salido de mi famosa crisis estudiantil. Después de darle mil vueltas, me preinscribí en medicina, ya que es a la que más ventajas le encontré y de ahí puedo terminar investigando, que es realmente lo que quiero.

Ya cumplí los 18 (wiiiiiiiiiiiii) y no, tampoco es para tanto. Y parece que estoy madurando y todo. Prueba de ello es que hoy arranqué todos los recortes de cantantes que tenía pegados en mi pared para cambiarlos por fotos con mis amigos, por recuerdos al fin y al cabo.

Ahora voy a ponerme serio. Voy a hablar de mi pobre y desolado ordenador. Nadie sabe cómo ocurrió, pero le entraron dos pedazo de virus que me dejan hacer todo menos usar internet,  o sea, no me dejan hacer nada. Agradezco a mi hermana que me lo preste más o menos a menudo. En esta semana o la próxima mi padre tomará cartas en el asunto. Espero que recen por él.

Finalmente, me comprometo a escribir en el blog con frecuencia.

Sí, estoy de nuevo por aquí y por Twitter. En definitiva, estoy de nuevo en el cibermundo.

Y sí, estoy dispuesto a vivir un verano por todo lo alto con mis amigos.

Published in: on julio 1, 2010 at 9:39 pm  Comments (1)  

La batallita del abuelo

Hoy, día 3 de abril del 2010, es uno de estos días que yo nombraré cuando le cuente batallitas a mis nietos. Pero como no tengo nietos, y tardaré mucho en tenerlos, creo yo, pues lo voy a escribir aquí, que para eso está un blog también, ¿no? para contar las batallitas. Al caso, que si no me pierdo:

Desde que empezó esta Semana Santa yo he estado convenciendo a mis amigos para ir al sur. En el sur siempre hace bueno. Todo el año. O al menos eso pensaba yo, hasta hoy.  Al final convencí a 5, a 5 valientes: Yara, Edgar, Sonina, Ale y Muñoz. Y yo, que aunque no me hizo falta autoconvencerme, también viví esta aventura. Cogimos la guagua en la estación de San Telmo. Todo hay que decirlo: moríamos de frío, pero… ¡qué más da! ¡En el sur siempre hace bueno! La guagua se dirigió hacia el sur, y el día no mejoraba, pero… ¡Bha! ¡En el sur seguro que está todo despejado! Como la guagua se hace un poquito pesada, no te das cuenta de por dónde vas, y cuando menos te lo esperas, ya estás en el sur. Y no, no hacía sol, de hecho estaba igual de nublado que en la capital, pero nos dijimos: “¡Bueh! ¡Esto al mediodía se levanta, verás tú!” ¡Y una mierda!

Como no sabíamos qué hacer nos pusimos a andar… y andar… y andar…. pasamos la zona nudista….. y seguimos andando… y andando… Vamos hora y pico larga caminando. ¡Ah, por cierto! Se me había olvidado que había una pequeña diferencia con la ciudad: hacía viento, mucho viento.

Nos sentamos en una zona… no sé exactamente por qué elegimos esa zona. Bueno sí, porque ya no podíamos caminar más. Allí algunos comimos, otros se fueron al McDonald’s, otros “jugamos al volleyball”, lo típico que haces cuando vas al sur y está malo, vamos. En esto nos llamaron unos amigos, que estaban en unos apartamentos, que fuéramos sin mosca, pero algunos de nosotros no estábamos por la labor, nos daba vergüencica, vamos. Entonces nos echamos a caminar de nuevo, sin rumbo fijo. Pero eso de caminar por la orilla de la playa está muy visto, nosotros caminamos por las dunas de Maspalomas, las atravesamos. En medio de las dunas, nos cogió una especie de tormenta de arena. Subías una duna enorme, pero la siguiente era más grande aún y así ad infinitum. Es lo más parecido a estar en el desierto que he vivido.

Posteriormente, llegamos a una zona en la que verificamos que las profundidades de las dunas son una zona de cruising. Fuimos a la avenida, en búsqueda del Holiday World, pues ya nos habíamos decidido a ir a los apartamentos de nuestros amigos, y quedaban enfrente del parque.  Ale dijo que sabía cómo llegar. Mentira. Preguntamos a un taxista. Finalmente nos encontramos con un amigo en el parque y fuimos a los apartamentos.

Estuvimos como dos horas en la piscina del apartamento, solos, sin los que se estaban quedando allí, de carotas, vamos. Cada vez que alguien daba un grito yo pensaba: “mierda, ya nos pillaron. Bueno… al menos ya nos bañamos”.

Luego fuimos a los recreativos, donde Sonia tuvo la genial idea de jugar a esta cosa que es con una fichita y sale aire y tienes que meter la fichita en donde el contrincante (algún día escribiré un post sobre por qué nadie sabe cómo se llama eso, recuérdenmelo) por parejas. Estuvo bien.

Cogimos la guagua de vuelta. El trayecto tranquilito

En la guagua amarilla (de la ciudad) el chófer dio un frenazo y no tuvimos un accidente de milagro.

Lo gracioso fue cuando llegué a mi casa. ¡ME QUEMÉ! ¡ME QUEMÉ! ¿Pero cómo me voy a haber quemado? Lo mejor es que tengo la marca de la camisilla y de los pantalones. Y la nariz y las orejas como tomates.

Consecuencias del día de hoy:

-Estoy muerto, muy hecho polvo.

-No siento las piernas de tanto andar y de tanto subir y bajar dunas.

-Estoy quemado, no sé cómo dormiré hoy.

-Me traje 4 dunas de Maspalomas: una en cada oído, una en la mochila y la otra en el resto de mi cuerpo.

-Me reí mucho y fue una aventura muy divertida, digna de contar a mis nietos.

Published in: on abril 3, 2010 at 11:31 pm  Comments (1)  
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Cuestiones culinarias

El otro día, comiéndome un sándwich de atún y millo me dio por reflexionar.

Hay comidas, tipo un sándwich de atún y millo, que son de elaboración muy fácil y están muy ricas.

Sin embargo, hay otras con las que mi madre, por ejemplo, se pega horas y horas en la cocina y luego….. formalmente hablando diré que los resultados no son los esperados por no decir que son una mierda (ups).  En mi casa todavía no hemos superado aquella vez que le dio por hacer papas, judías y fideos…

Injusticias culinarias.

Published in: on marzo 12, 2010 at 5:16 pm  Comments (5)  
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Falta de respeto

Era el 20 de febrero del corriente año. Sábado. La quema de la sardina por aquello de que se terminaba el carnaval y es tradición. Me encontraba con unos amigos en La Playa de Las  Canteras y esto que vemos que una señora mayor, con sus dos nietas, una agarrada a cada mano, se cae al piso, mejor dicho, a la arena. Me hizo gracia. Pero me paré a analizar la situación y era vergonzosa. La señora había tropezado con una pareja de aproximadamente mi edad que se encontraba besándose apasionadamente en la arena. Ella sobre él. Cabalgándola. Aquello no era besarse, era comerse mutuamente.  Esto que el tío le abre el pantalón a la tía. Esto que el tío le manosea las tetas a la tía y se las come también. Aquello era … no sé ni qué decir cómo era. Luego se levantaron y se fueron, supongo que a terminar lo que habían empezado en un lugar menos concurrido.

No digo que no tengan sexo en sitios públicos, no digo que no lo hagan en la playa, que incluso puede resultar un sitio hasta romántico (aunque éstos dos de los que hablo buscaban de todo menos romanticismo). Pero ¡coño! Hay un código no escrito que todo habitante de esta ciudad sabe: PUEDES REALIZAR ACTOS SEXUALES EN LAS CANTERAS TODAS LAS NOCHES MENOS LA DE LA SARDINA Y  LA DE SAN JUAN PORQUE EN ESTAS DOS FECHAS TODA LA CIUDAD ESTÁ EN LA PLAYA. Es que manda huevos….. 363 noches y cada cuatro años 364 para ir a la playa a “amarse” y ellos eligen una de las dos “prohibidas”, por así decirlo.

En fin….

Las Canteras en el entierro de la Sardina (este año había más gente, doy fe)

Las Canteras la noche de San Juan.

Published in: on febrero 28, 2010 at 2:02 am  Comments (1)  
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Mi madre y las cuca…rachas

El sentimiento que las cucarachas despiertan en mi madre no es asco, ni miedo, es mucho más, no se ha inventado una palabra para explicarlo. Es más, cuenta la leyenda en la familia Alemán que mi madre de pequeña limpiando se encontró una cucaracha moribunda, gritó y la cucaracha estiró la pata definitivamente. Pero repito, esto por el momento es una leyenda.

La cucaracha.

Cuando mi madre toma la determinación de matar una cucaracha, que es algo que le lleva muchísimo tiempo (normalmente es porque el resto de habitantes de esta casa pasamos del tema), realiza un ritual. La mata, coge la pala de cuando barres y recoge la cucaracha con ella. A continuación la tira al jardín siempre seguido de un: “Pa que coman los gatos”.

Y ahora reflexionemos: ¿Por qué no tira mi madre las cucarachas al cubo de la basura? La teoría más aceptada es que piensa que las cucarachas se alimentan de criptonita y al tirarlas muertas a la basura resucitarán y tendrán una fuerza superior tan espectacular como para abrir la tapa de la basura y luego la puerta del mueble donde está la basura. Posteriormente nos comerá a todos  será el fin de los Hernández Alemán.

Vamos, una paranoia estúpida como otra cualquiera. Mi madre y mucha gente tienen muchas  más, pero eso ya vendrá en otros posts.

Published in: on febrero 28, 2010 at 1:27 am  Comments (1)  
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Matemáticas

Mi trayectoria en las matemáticas es quizás la que más se puede dividir en diferentes etapas.

Cuando aprendí a sumar y restar en parvulitos, o 1º , 2º de primaria como mucho, ni me iban ni me venían.

Luego llegó mi gran crisis … a los 9 años. Sí, a los 9 años… concretamente en ese verano… Sí, sí, ese verano en el que te tienes que aprender las tablas de multiplicar. Mi madre, sólo por soportarme ese verano, se tiene el cielo ganado. A mí se me metió en la cabeza que yo eso no me lo iba a aprender nunca… Y fue tal la paranoia que lloraba chillando: “¡Esto es imposible de aprender!” hasta el punto de que un día mi madre me las estaba corrigiendo, tuve dos mal y tiré la libreta al piso y rompí de nuevo a llorar.

Una vez asimiladas las tablas vino la recta final de la primaria (4º, 5º, 6º) y las matemáticas volvieron a darme igual.

Llegué al instituto y me tocó un excelente profesor, de estos que saben sacar lo mejor de cada alumno y que despertó en mí ese amor por los números. Esto fue en el primer ciclo de la secundaria.

En tercero de la ESO me dio clases un profesor que, para que se hagan una idea, ahora, ya jubilado, su academia es de las que más renombre tienen en esta ciudad. Un profesor de vocación, un profesor como pocos he tenido, un profesor de los que ya no se hacen.

4º de la ESO y 1º de Bachiller constituyeron una etapa que yo consideré mala. Ya no me gustaban tanto las matemáticas y, además, la profesora ponía los exámenes a buscar el fallo.

Craso error por mi parte. Esa mujer era la gloria bendita comparada con mi profesor actual.  Claro, al principio del curso, todo era de color de rosas, porque todo era repaso. Pero llegó el momento de las INTEGRALES. Y pasaban las semanas, y nadie sabía integrar. Y le decías al profesor que no sabías y el siempre tenía la misma respuesta: “Yo al principio tampoco lo entendía. Las integrales son una cuestión de experiencia”. ¿Experiencia? Te voy a dar yo a ti experiencia. Si no me explicas, de nada me vale la experiencia.  He de confesar que cuando se acercaba el examen (sí, ése que puso cuando nadie sabía integrar, que todo el mundo estaba acojonado y que al final resultó ser que puso las integrales más fáciles de la historia, sí, el mismo) estuve a punto de caer en una crisis similar a la de las tablas de multiplicar, pero en ese momento apareció mi prima y me ayudó. Gracias a la explicaciones de mi prima, y a la experiencia (con explicaciones previas), ahora puedo decir,  no que sé integrar, pero sí al menos que me desenvuelvo.

Published in: on febrero 17, 2010 at 1:02 am  Comments (4)