Hace mil años, mis tíos Marta y Ramón se compraron un coche, un Toyota. Habían pedido un préstamo para pagarlo y tal y se encontraban inmersos en una conversación acerca de todas las letras que tenían que pagar. De buenas a primeras, aparece mi prima Marta y suelta:
-Mamá, no son tantas letras. Mira, sólo son seis: T-O-Y-O-T-A.