Todo el mundo denomina el Carnaval como esa época en la que las niñas-adolescentes-jóvenes-ynotanjóvenes aprovechan para vestirse como putas y subirse la falda y los niños-adolescentes-jóvenes-ynotanjóvenes se aprovechan y se la suben un poquito más. Intentando pillar cacho a toda costa, vamos. También es una época en que la gente va buscando peleas, gente a la que parece que el buen rollo le sienta mal.
Pues oye, debo ser la excepción de esta juventud canaria. ¿Debo? Debemos. Mis amigos y yo.
Para mí el Carnaval es otra cosa. Para mí el Carnaval es disfrazarme (de mujer, Lola concretamente, siempre), ponerme Pelucas, purpurina, bailar, cantar, divertirme, ir a la Cabalgata, a los Indianos, a la Sardina, a algún que otro mogollón. Pasarlo bien con los míos, en resumen. Carnaval=diversión y punto.
Como anécdota diré que ligué más en una noche vestido de mujer que en 17 años como hombre. Para que ustedes vean el grado de desesperación y salidorramiento que tienen algunos en estas noches carnavaleras.

